De mis más de cuarenta años de ejercicio profesional, casi los primeros veinte los dediqué al ejercicio del periodismo y la segunda a la comunicación empresarial, primero como consultor y después como Dircom del despacho de abogados Garrigues. Tuve el privilegio de trabajar igualmente en la radio pública (RNE) y en la privada (soy fundador de la hoy extinta Antena 3, en aquel equipo de profesionales comandado por el maestro Manuel Martín Ferrand e integrado por José María García, José Cavero o Antonio Herrero, entre otras estrellas radiofónicas). A mí correspondió el muy grato honor de aportar mi granito como redactor jefe de la redacción de Informativos, a las órdenes de Cavero.

También tuve el privilegio de trabajar en la televisión, en aquellos históricos telediarios de la transición política, en el equipo de Ladislao Azcona. Y con no menor vivencia  profesional pasé por dos diarios: El País (redacción de Economía) y El Sol (corresponsal diplomático para Europa). En El Sol, que vi nacer con enorme ilusión en 1990, viví la experiencia más amarga de esos veinte años: su crisis y rápida desaparición, allá por mayo de 1992. Nadie podrá entender bien esto que digo si no ha pasado por la experiencia de ver morir a un medio de comunicación. “Muchas empresas caen en épocas de crisis como la que apenas estamos superando ahora”, pensarán muchos, y razón no les falta; pero es que se cierra para siempre algo más que una empresa. Se calla una voz que nos cuenta lo que pasa, que defiende unos valores y que nos deja desasistidos cuando se va. Y todas esas evocaciones me vienen a la mente estos días con frecuencia cuando pienso en Radio Marca, emisora temática dedicada al deporte –la única de ámbito nacional que tenemos en España– que está amenazada seriamente.

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