El pasado mes de enero, el portal Palco 23 publicó una interesante información que apuntaba hacia un progresivo crecimiento de las inversiones en patrocinio deportivo. Algo que me alegró mucho, pues creo que es una de las vías más eficaces para promocionar el deporte, tanto de masas (social) como de competición o de élite. Me da pena que, en pleno año olímpico, muchos de nuestros buenos deportistas estén lampando para llegar a Río de Janeiro en condiciones medianamente aceptables, o que algunos de ellos tengan que acudir a campañas de microfounding, en la esperanza de que unos pocos eurillos más les permitan comprar un material competitivo de mejor calidad.

Aquel trabajo de Palco 23 vino a decirnos que la economía española había iniciado una paulatina recuperación, citando incluso que nuestro país “será uno de los que más crezca en toda Europa en 2016. Ello, sumado a la creciente internacionalización de torneos como La Liga y el repunte de la actividad física parecen constituir los cimientos perfectos para un progresivo crecimiento de la inversión en patrocinio. De hecho, un 44% de las compañías consultadas por Lagardère-Sports Consulting asegura que este año gastará más en activar acuerdos de este tipo, mientras que sólo un 22% se atreverá con la compra de nuevos derechos”.

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