Anteayer se cerró definitivamente el ‘culebrón’ de Iker Casillas con el Real Madrid. Y no ha sido un culebrón de verano’ cualquiera, sino uno bien profundo y –lo peor– cerrado en falso. Yo prefiero hablar mejor de ‘una gran crisis’, dados los ingredientes del caso. Porque hablamos nada menos que de una historia viva de 25 años, que representa como ninguna otra un cuento de hadas moderno: érase un niño de la cantera del Real Madrid…  que se inició a los 9 años, que fue ascendiendo peldaños uno tras otro y que llegó a la cima dándole a su club la gloria por los mayores éxitos nunca conseguidos. Un buen chico, humilde, hijo del pueblo, que siempre supo representar a su club de forma ejemplar. Y como todo buen cuento, ha tocado el corazón del niño que llevamos dentro y nos ha transmitido una potente carga emocional.

Ese muchacho, a quien las madres de nuestro país consideraban como el yerno ideal, se casó con Sara, una de las más guapas del periodismo, y comenzó a convertirse también en estrella envidiable del papel cuché y de la prensa del corazón. Una familia perfecta… Pero ahora, nuestro héroe ha visto cómo su resplandor se iba apagando merced a una abominable campaña contra él, tolerada y respaldada (si no orquestada) desde su propio club. El cuento de este ‘ceniciento’ moderno acaba de poner su The End provisional, con la salida del héroe allende nuestras fronteras occidentales (ha fichado por el Oporto), pero por la puerta de atrás. Un bochorno para la institución. Que a nadie le quepa la menor duda: la sombra de Iker será alargada, perseguirá al presidente durante mucho tiempo, no le dejará dormir bien y de eso se van a encargar unos aficionados heridos en su sentimiento a quienes el Club ha ninguneado a su antojo. ¿Cuánto futuro tiene Florentino?

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