La temporada de fútbol toca a su fin, otro año más, y en este 2015 lo hace de forma convulsa, con las instituciones a la greña, coincidiendo de forma unánime en que la salomónica decisión de la Audiencia Nacional –decretando la ilegalidad de la huelga convocada por los jugadores (respaldados por su Federación)–  no viene a resolver unas diferencias que sólo ellas están dispuestas a dirimir y no por métodos pacíficos, precisamente. Pero de eso, por desgracia, tendremos que seguir hablando en el futuro.

En este contexto, el Real Madrid ha quemado ya todas sus naves. Quedó apeado de la Champions League la semana pasada, por la Juventus, y perdió la Liga matemáticamente este domingo. Por lo tanto, será un año en blanco para el Club de Chamartín, si tenemos en cuenta que la Supercopa de Europa y el Mundialito de Clubes son pura resaca de la Champions de 2014. De forma automática (as usual) se han puesto en marcha todos los mecanismos propagandísticos y distractivos sobre el cese del entrenador (lo más fácil) o la más que probable renovación de la plantilla, con otros cinco o seis ilusionantes fichajes de relumbrón. Es lo que sucede todos los años, pero en esta ocasión (o al menos así lo percibo), el presidente Florentino Pérezlo tendrá un poco más complicado que en años anteriores, porque una gran parte de sus socios y aficionados buscan culpable de este nuevo fracaso mirando al palco. De ahí el título de este post.

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