Intangibles y deporte

Un blog de Carlos Agrasar

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febrero 2014

28 de febrero de 2014

El ‘síndrome del suplente’

“No juego, así que me marcho”. Esta frase tan tajante la pronunció el jueves Cristian Rodríguez, jugador profesional de la primera plantilla del Atlético de Madrid, que sorprendió a la parroquia dejando bien al descubierto su frágil estado de ánimo por no poder participar más en el buen juego y en el éxito de su equipo. Resulta evidente que el ‘Cebolla’ Rodríguez, como se le conoce futbolísticamente, no cuenta para su entrenador, Diego Pablo Simeone, ni siquiera como primera opción de recambio y, al parecer, eso le ha sumido en un profundo ‘síndrome del suplente’, que en los equipos suele proyectar una sombra negra y alargada, cobrándose a menudo altas dosis de inestabilidad intra grupo.

“Me encuentro bien porque al equipo le va bien, pero en lo personal no lo estoy, porque he jugado pocos minutos. Estos van a ser mis últimos meses en el club, lo tengo claro. Voy a entrenarme como siempre, calladito, sin quejarme. Para mí van siempre los compañeros y después yo. Pero si no juego aquí me voy a tener que ir”. Así de claro lo tiene el jugador y todo hace pensar que, si no se produce un cambio radical, no habrá marcha atrás en su salida. Porque no se puede tener en un club –aunque el asunto no vaya contra nadie en concreto– a persona tan infeliz, salvo riesgo de ‘contaminación’ en el resto de la plantilla.

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La pasión es la bandera del fútbol

La pasión es la bandera del fútbol. Sin pasión, sin apasionados, sin forofos, sin personas que no ven más que lo que quieren, por mucho que les digas lo contrario, el fútbol no existiría. Ni al teatro ni a la ópera ni a nada va tanta gente, en una temporada entera, como asisten a una final de la Copa de Europa. Y esto se lo digo con todo el sentimiento del mundo, porque considero que debería ser al revés, por el bien de la sociedad. El poder de convocatoria que tiene el fútbol es fiel reflejo de la pasión que despierta.

Santiago Bernabéu en el libro ‘La Causa’, de Jaíme Martín Semprún (Ediciones B, 1994)

26 de febrero de 2014

Lo que sucede en el campo…

Tras un partido de fútbol en el que ha habido tensión entre jugadores, con lances físicos claramente antideportivos, choques dialécticos (por no decir insultos) y provocaciones reiteradas (con feas menciones a progenitores incluidos), escuchamos con frecuencia a deportistas y entrenadores zanjar el asunto con la frase manida del titulo de este post: “Lo que sucede en el campo, se queda en el campo”.

Puede que esa reflexión fuera válida en tiempos pretéritos, pero ahora se me antoja como una auténtica majadería, que demuestra además lo poco que han pensado en ella sus propagadores. Y me explico, como siempre me gusta hacerlo, con un ejemplo reciente: el partido de ida de semifinales de la Copa del Rey entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, celebrado en el estadio Santiago Bernabéu el 5 de febrero de 2014. En ese encuentro, el Real ganó por 3-0 y dejó encarrilada la eliminatoria de forma clara: “El Madrid superó al Atleti en todo”, sentenciaba Alfredo Relaño en el diario As. O “El Madrid desfigura al Atlético”, titulaba José Sámano en su crónica para El País. Es decir, que prácticamente ningún periodista puso en duda la supremacía blanca en el encuentro.

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24 de febrero de 2014

El halago debilita…

(y pongamos que hablo de Jesé)

He buscado la autoría de la expresión que hoy titula este post, por si pudiera atribuírsela a su genuino dueño, pero no he tenido suerte. Quizá forme parte del rico acerbo popular y sea apócrifa, como tantas otras… pero, mientras alguien me saca de la duda, recordaré que es frase muchas veces repetida por José María García, maestro del periodismo deportivo a quien tuve la suerte de tratar de cerca en un breve pasaje de mi trayectoria profesional.

“El halago debilita, la crítica fortalece”, solía decir García. Y viene a colación este recordatorio porque, preocupado, detecto en los últimos tiempos –cuando no constato– un exagerado aluvión de halagos hacia Jesé Rodríguez, la joven perla canaria del Real Madrid. Halagos merecidos, no diré yo lo contrario, que creo empiezan a hacer mella en el protagonista y a los que nadie parece querer poner freno.

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