En nuestra Liga de fútbol se repiten cada año, invariablemente, ciertos patrones que dan mucha salsa a la competición. Siempre salta, más bien pronto que tarde, un equipo revelación: en este caso, cuando se llevan disputadas tan solo cinco jornadas, bien podría ser el de Las Palmas (aunque, después de haber ganado casi todos los puntos, ayer cayó estrepitosamente ante la Real Sociedad); los favoritos confirman o no tal condición (Barça y Atlético han perdido unos cuantos puntos y el Real empató ayer en casa contra el Villarreal, confirmando que esta temporada el campeón seguramente no batirá el récord de la competición); y otro termómetro es ver cuánto tarda en caer el primer entrenador…

Pues bien, en esta temporada eso ya ha sucedido en la persona de Pako Ayestarán, que ha durado tan solo cuatro jornadas como técnico del Valencia, después de haber conseguido en ellas cero puntos para su equipo y ser el último de la tabla (insólito en un club histórico, tan grande, acostumbrado a competir en Europa, e incluso, a ganar algunos de sus títulos). Pero el club se encuentra inmerso desde hace años en una crisis institucional y deportiva de gran calado que parece más profunda de lo imaginado). El Valencia tiene hoy tanto lío y a todos los niveles, que si tuviéramos que encontrar un parangón en el cine, quizá deberíamos buscarlo en El Camarote de los Hermanos Marx. Por lo absurdo.

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